Lo han vuelto a hacer.
Noemí Trujillo y Lorenzo Silva lo han vuelto a conseguir.
No
se me ocurre mejor manera de comenzar esta reseña de la última novela conjunta
de estos dos autores. Las presentaciones sobran: Lorenzo Silva es Premio
Planeta 2.012 y Premio Nadal 2.000 por su saga Bevilacqua, y Noemí Trujillo es
novelista, poeta y editora de Playa de Ákaba. Sin embargos, ambos autores
pueden considerarse nuevos en el mundo de la ciencia ficción. El pasado 1 de
marzo se estrenaron en el género con El palacio de Petko, novela de la que
hablaré a continuación.
Portada de El palacio de Petko.
La
premisa de la que parte la novela es atractiva: en el año 2.215 el mundo tal y
como lo conocemos han sido devastado por sucesivas guerras, y el Nuevo Mundo se
ha construido gracias a un complicado sistema llamado KB, que controla todas
las actividades humanas y que permite introducirse en el pensamiento de las
personas. En este marco, que nos recuerda a celebérrimos autores como Orwell o
Huxley, se nos presenta al personaje que, a mi parecer, ha sido el más logrado
de los tres protagonistas. Lydia-Ludmilla es descrita como una chica que
arrastra fuertes traumas y que tiene tendencias depresivas, además de padecer la
enfermedad SHP (Síndrome de Huida de Petko). Es introducida dentro de la misión
con Ahti-Anne y Cavey esperando que un cambio de aires le ayude a cambiar su
perspectiva. Ahti-Anne, por cierto, es la encarnación de la superación
personal: tras varios intentos, por fin consigue ser guardiana, y se enfrenta a
su primera misión.
En
un mundo en el que los viajes en el tiempo al Viejo Mundo es algo habitual,
cabe esperar que, si en la actualidad el contacto humano se está resistiendo
por culpa de (o gracias a) las redes sociales, la interacción en un mundo
futurista se haga de manera digital, mediante avatares que conviven con los
humanos. A pesar de no quedar claro el funcionamiento del sistema KB, considero
un auténtico acierto que no se termine de explicar, ya que fomenta la
imaginación del lector, al que se le da más libertad.
Las tres zonas en las que se divide el mundo de Petko.
La
novela fluye bajo los tres puntos de vista antes mentados, algo que enriquece
al argumento, al dar diferentes matices dependiendo de la personalidad de cada
uno de los tres protagonistas. La trama también es interesante por su vertiente
detectivesca en un mundo de ciencia ficción: los avatares de tres hermanas han
desaparecido y Ly, Ahti-Anne y Cavey (mano derecha del director del sistema KB)
tendrán que investigar el suceso en un mundo en el que, para más complicación,
crece cada vez a más velocidad una resistencia al sistema en la sombra. El
bagaje de género negro de Lorenzo Silva tenía que notarse en algún lugar,
mientras que Noemí demuestra su capacidad a la hora de construir la psicología
de los personajes, como ha venido haciendo en novelas como El amor tan temido o Suzanne.
La
novela da para la reflexión. Nos han mostrado un mundo completamente distópico,
en el que ya no existen los animales y en el que las personas se alimentan de
comida sintética, tras construir una sociedad que anteriormente había sido
devastada, y en la que leer es una forma de estigma. Es ficción, y sin embargo
no deja de ser posible cada una de las posibilidades que nos presentan. En un
mundo inestable en su política, con unos recursos que se agotan a marchas
forzadas y con una fauna y una flora que desaparece a cada segundo que pasa,
los dos autores nos muestran un mundo que podría ser factible de aquí a no
mucho tiempo (recordemos, la novela está pensada para el año 2.215). Además,
debemos enmarcarla en lo que creo que es su público objetivo: esta novela no
busca contentar al fan del género Sci-fi,
sino iniciar a jóvenes lectores en el mismo. El tono del discurso está enfocado
dentro del género de la literatura juvenil, y así se debe entender. Y si
consigue mover conciencias entre los más jóvenes, Noemí Trujillo y Lorenzo
Silva podrán darse por satisfechos.
En Petko, los viajes en el tiempo al Viejo Mundo son muy habituales.
El
ritmo de la novela es, a mi parecer, el adecuado. Comienza de manera pausada,
mostrando todas las piezas con las que van a jugar en el complicado tablero en
el que se van a mover, repito, en un género del que no son expertos; pero
pronto la acción comienza a tomar velocidad hacia un clímax que te deja con
ganas de más. Ese es quizás el mayor problema que le veo a la obra: la historia
podría haber dado para muchas más páginas. Pero, por otro lado, me gusta pensar
que esta duración implica una puerta abierta a una continuación o a una nueva
ambientación en Petko.
En
definitiva, creo que el libro tiene mucho que ofrecer. En primer lugar, una
nueva novela de dos autores que ya nos regalaron Nada sucio el año pasado, en
un registro completamente distinto, lo que habla de la versatilidad que poseen.
Por otro lado, la ambientación en un mundo que, a pesar de ser futurista, es
plausible. Además, nos muestra una psicología en los personajes muy real y que
hace que empatices con los problemas y con la mochila que arrastran. Y, cómo no, nos presentan una puerta para
acercarnos a la Ciencia Ficción. La novela puede que no le guste a todo el
mundo, pero tampoco lo pretende. Sólo plasma una historia meditada y bien
construida, y que deja con muchas ganas de saber más sobre Petko.


